Cómo cambió la tecnología el vínculo entre padres e hijos

Al volver a los niños portadores de un saber a veces negado a los adultos, se invirtió la cadena de transmisión del conocimiento, lo que pone en cuestión laautoridad paterna

 

 

 

La transformación de la relación entre padres e hijos probablemente sea la consecuencia más importante de la irrupción de las nuevas tecnologías en la vida de los niños, ya que alteró su proceso formativo y constituye una de los principales desafíos para la paternidad en el siglo XXI.

 

“Habitualmente los adultos (tanto en el sistema educacional como en el sistema familiar) son quienes enseñan a las y los menores de edad, reproduciendo el conocimiento y los valores de la cultura. En el caso del uso tecnológico la cadena se invierte, pasando a ser los y las adolescentes y preadolescentes quienes enseñan a los adultos y son mediadores de su conocimiento”, afirma un informe de la organización Save the Children titulado “La tecnología en la preadolescencia y adolescencia: usos, riesgos y propuestas desde los y las protagonistas”, realizado con la coordinación de la psicóloga Liliana Orjuela López.

 

Esta situación pone en cuestión una de las principales funciones de los padres: marcarles el camino para que vayan descubriendo el mundo. Ahora los niños recorren solos esos pasos, muy por delante de sus padres. Así, la posibilidad de que estos puedan controlar y poner límites a sus hijos se hace más difícil.

 

Por ejemplo, el estudio “La Televisión y los niños. Hábitos y comportamientos”, del Centro de Investigaciones Sociológicas, da cuenta de que dos de cada tres españoles no controlan lo que ven sus hijos en la televisión.

 

El 53 por ciento de los padres de niños menores de 6 años, el 63 por ciento de los que tienen entre 7 y 11 años, y el 67 por ciento de los mayores de 12 años, consideran que sus hijos ven demasiada o mucha televisión.

 

No obstante, muchos estudiosos rechazan a los pronósticos más pesimistas sobre los efectos de las nuevas tecnologías en el crecimiento de los niños, ya que entienden que la imposibilidad de manejar los dispositivos más novedosos tan bien como sus hijos no impide a los padres educarlos.

 

“Parece fuera del alcance de los padres el controlar los contenidos a los que acceden sus hijos/as -continúa el informe de Save the Children-. Y la explicación de esto en parte se debe a la brecha tecnológica, al salto generacional al que aludíamos. (Pero) no cabe duda que los padres/madres siguen teniendo la potestad y la autoridad para establecer las normas en casa; y establecen la disciplina controlando principalmente el tiempo y el modo o lugar de acceso al ordenador o a Internet, por ejemplo”.

 

Así, los niños más expuestos a sufrir trastornos por volverse adictos a la tecnología serían aquellos que no pudieron recibir una buena contención de sus familias. Pero si éstas son responsables y cuidadosas, no deberían tener demasiados inconvenientes en transmitirles las conductas necesarias para que puedan tener una vida plena.

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