“Capitán, ¿qué quiere hacer, volver a casa?”

Crédito foto: Reuters

Tras el accidente, el comandante del Costa Concordia finge estar sobre la nave, pero ya la ha abandonado. “Hay muertos“, le confirma la capitanía del puerto. “¿Cuántos?”, pregunta Schettino. “¡Eso debe decírmelo usted!”

Las conversaciones telefónicas que mantuvo el capitán del crucero Costa Concordia y la capitanía portuaria de Livorno son la prueba en mano que ya tiene la policía para determinar la responsabilidad de Francesco Schettino, comandante de la nave que encalló frente a la costa de la isla de Giglio, en el mar Tirreno.

La primera llamada que recibió el capitán fue a las 21:49, cuando la quilla del crucero impactó contra los escollos de la costa de Giuglio, lo que abrió una brecha en el casco [obra viva]. “Concordia, ¿todo bien”, pregunta la capitanía del puerto Livorno. “Positivo” fue la respuesta desde la nave.

Seis minutos más tarde la capitanía portuaria llama de nuevo. “Concordia, les estamos preguntando si todo está bien”. “Sólo un problema técnico”. El barco acababa de encallar sobre el fondo marino.

En la siguiente llamada que realiza al capitán, el comandante de capitanía en Livorno,  Gregorio Maria De Falco, tiene ya un tono apremiante, irritado. Son las 00:32, cuando según los testigos, Schettino ya había abandonado el barco.

Gregorio Maria De Falco le pregunta, entonces, cuánta gente queda a bordo, y el capitán le da una cifra: 200-300 personas. Esta respuesta dejaba en evidencia a Schettino. Era imposible que a 40 minutos del accidente, hubieran sido evacuadas casi 4.000 personas. Pero el capitán insiste. “Ahora vuelvo al puente”, asegura Schettino al oficial de la capitanía. “Había ido a popa para entender qué estaba sucediendo”. “¿Queda sólo usted?” le pregunta el oficial. “Creo que quedo sólo yo”, responde Schettino.

Diez minutos después, el oficial de capitanía vuelve a llamar al comandante para preguntarle cuántas personas quedan sobre el barco. “He llamado a la empresa y me dicen que quedan un centenar de personas”.

Las tareas de rescate, sin embargo, acababan de empezar. Es entonces cuando Schettino se delata solo. “Estoy yo coordinando”, afirma. Y a continuación se le escapa: “No podemos subir a bordo porque se está inclinando por la popa (la parte posterior)”.

“Comandante”, replica De Falco. “¿Usted ha abandonado la nave?“, le inquiere. El capitán reacciona: “¡Qué voy a abandonar la nave!”.

A la 1:46, el oficial vuelve a llamar a Schettino desde la capitanía de Livorno, esta vez con órdenes precisas. “Hay gente que está descendiendo por la escalera de socorro (de cuerdas) de la proa”, le grita De Falco. “Ahora usted la recorre, sube a la nave y me dice cuántas personas hay y qué necesitan a bordo. Usted me tiene que decir cuánta gente hay todavía, niños, mujeres, pasajeros, el número exacto de cada categoría”, apremia.

Del otro lado, el capitán no responde. El enojo del oficial estalla. “Quizás usted se ha salvado del mar, pero yo se la haré pasar muy mal. Asegúreme que está subiendo a bordo”.

“Comandante, por favor…”, trata de interceder Schettino. “No”, interrumpe De Falco. “Vaya a bordo. Asegúreme que está subiendo a bordo”. “Yo estoy con la guardia de socorro, estoy aquí, no he ido a ningún lado”. “Pero qué está haciendo”, le increpa el comandante de la capitanía portuaria. “Estoy aquí para coordinar el socorro”, responde Schettino. “Qué está coordinando”, le grita De Falco. “Vaya a bordo. ¿Se niega?” “No, no, no me niego”, contesta alarmado el capitán del Costa Concordia. “Entonces dígame por qué no va”. “No estoy yendo porque hay una lancha que se ha parado…” “Suba a bordo. Usted ha declarado en abandono de la nave. Ahora mando yo. ¡Suba a bordo, ¿está claro?!”, estalla De Falco. Me llama desde allí, está mi socorrista allí, a proa. Hay ya cadáveres. “¿Cuántos?”, pregunta Schettino. “No lo sé, uno al menos” estalla el oficial. ¡Me lo tiene que decir usted, Cristo!”, grita. “Pero ¿se da cuenta de que aquí está oscuro y nos vemos nada”. El oficial ya está fuera de sí: “Y qué quiere, ¿volver a casa?, Schettino? Está oscuro, ¿y quiere volver a casa?“, ironiza. “Suba por la proa de la nave con la escalerilla de cuerdas, dígame qué se puede hacer, cuántas personas hay, y qué necesitan”.

La actitud de Schettino ante la tragedia podría costarle hasta 15 años de cárcel. Ya en prisión, este martes ha comparecido por primera vez ante la Justicia, acusado de homicidio culposo, naufragio, y abandono de la nave.

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