Película Hugo

“Gracias por la película de hoy. Fue un regalo”, dice  en un momento Isabelle (Chloë Grace Moretz), uno de los personajes de Hugo, luego de que el protagonista (Asa Butterfield) la invita a meterse a escondidas a una función de cine. Y si bien la frase es una sincera muestra de agradecimiento por parte de ella ante la posibilidad que se le ha dado para acceder al fascinante mundo del cine —nunca había visto una película antes—, funciona también para definir esta película de Martin Scorsese.

Conocido por un amplio catálogo de cintas que han analizado el fenómeno de la violencia desde una perspectiva tan creativa como contundente (Taxi Driver, Raging Bull, Goodfellas), el cineasta estadounidense no estaba precisamente en la cabecera de la lista de directores preferidos para hacer cintas infantiles; con Hugo, esa impresión cambiará por completo, aunque el filme es en realidad mucho más que una obra para niños.

Además de haber mantenido las discretas tonalidades oscuras del material original (The Invention of Hugo Cabret, una mezcla de novela y libro de ilustraciones publicada por Brian Selznick en el 2007), y que recuerdan ocasionalmente a la estética de Tim Burton, Scorsese ofrece una virtuosa propuesta visual.

En consonancia con su premisa narrativa —la de un niño huérfano que vive en una estación del tren pero es un verdadero amante del cine obsesionado con reparar un curioso humanoide mecánico que tiene escondido—, Hugo es el homenaje a la historia del cine de un director conocido por sus esfuerzos por el rescate y la restauración de filmes antiguos.

Para reforzar su punto, Scorsese recrea no una sino dos veces la histórica reacción de la audiencia que se sometió inicialmente a la proyección de la Llegada del tren a una estación de los hermanos Lumière, en 1895 (se asegura que muchos salieron corriendo de la sala al pensar que el tren era real). Pero el homenaje mayor es para Georges Méliès, que no habrá sido el primero en proyectar una película ni en presentar a través de ella una historia, pero que puede ser considerado con toda justicia como un verdadero pionero de los efectos especiales, la ciencia-ficción y la fantasía en el cine.

Podría dar la impresión de que Hugo es más una cinta para cinéfilos que para familias en busca de entretenimiento. Pero la película no es solo completamente apropiada para los pequeños —no se sale nunca de los parámetros del ráting PG—, sino que deslumbrará a cualquiera debido a su magnífico manejo de la 3D, a sus notables actuaciones (Ben Kingsley, Christopher Lee, Jude Law y Johnny Depp -en un breve pero recurrente ‘cameo’- son también de la partida) y a una historia tan cargada de ternura y de valores humanos como de sentido del humor.

No podemos dejar de mencionar el magnífico desempeño de Sacha Baron Cohen (Borat y Brüno), un actor que, al igual que Scorsese, dejó aquí su zona segura para interpretar a un inolvidable agente de policía —muy tributario de las figuras extravagantes de cine mudo— que, en medio de los innumerables abusos que comete, ha sido víctima de un pasado incluso peor que el de Hugo. Una excusa que no tienen los miembros del LAPD, por supuesto