Cómo afectará el recorte de presupuesto a la defensa de Estados Unidos

El presidente Barack Obama puso en práctica un “sinceramiento” en el presupuesto de las fuerzas militares pero también una reorientación estratégica con Asia y el Pacífico en la mira, sin descuidar los conflictos de Oriente Medio

Resultaba casi inevitable que un sector que abarca el 43% del gasto en global en armamento y fuerzas militares del mundo y que viene creciendo de manera ininterrumpida desde 1998 y más aceleradamente aún postataques terroristas del 11/9 no fuese blanco de ajustes con vistas a hacer su aporte al sinceramiento de ingresos y gastos que enfrenta la economía estadounidense a partir del estallido de la crisis de septiembre 2008. Nos referimos al Pentágono y el sector de la Defensa de la superpotencia.

 El 5 de diciembre el presidente Obama dio a conocer los lineamientos generales de estos cambios y recortes, que no sólo abarcan recursos económicos sino reorientaciones estratégicas que seguramente trascienden el corto y mediano plazo. Con la ventaja de contar con un secretario de Defensa como León Panetta, profundo conocedor de temas burocráticos y presupuestario desde su tiempo de estrecho colaborador en estos menesteres del ex presidente Clinton en la década de los 90, el mandatario de los EEUU subrayó la necesidad de combinar la poda con una visión estratégica seria y que no descuide en ningún momento la primacía militar americana.

 En números, se trata de 450 mil millones de dólares menos a lo largo de los próximos 10 años. Un 8% del núcleo duro del gasto en Defensa durante la década que viene. Asimismo, una reducción de poco menos del 10% en la cantidad de efectivos del Ejercito y acercándolo a los niveles existentes antes del trauma del 2001.

 En materia de reorientacion estratégica, la dupla Obama-Panetta comunicó al mundo que el foco de la atención de la Seguridad Nacional estará colocada en Asia y el Pacífico, si bien no descuidando al mismo tiempo el Medio Oriente y el Golfo Pérsico.

 En materia doctrinaria, se procedió a sincerar y hacer más modesta la postura estratégica, asumida a comienzos de los 90 y una vez finalizada la Guerra Fría, de contar con un instrumento militar en condiciones de pelear y ganar dos guerras convencionales regionales de gran intensidad. La cual fue ampliada en sus pretensiones por la administración Bush tras los atentados del 9-11, con el agregado de una dura guerra global al terrorismo. Ahora, el Pentagono se focalizará en contar con los medios para combatir exitosamente un conflicto armado de gran intensidad (¿Irán en 2013 o un desmadre de la situación con Corea del Norte?) y contener y disuadir a cualquier otro actor que busque asumir una postura agresiva.

 Asimismo, se confirmó que no se amputarán partidas a sectores muy valorados por Obama-Panetta como fuerzas especiales, inteligencia, guerra informática y comunicaciones. Esto dentro de una renovada prioridad a las “cyberguerras” contra Estados y actores no estatales, la continuidad de la lucha contra el terrorismo transnacional y la no proliferación de armas de destrucción masiva.

 Asimismo, el poder de disuasión nuclear de misiles intercontinentales y nueva generación de cabezas nucleares no parecer ser blanco de reducciones radicales ni mucho menos.

 En materia de los actuales conflictos en desarrollo, la administración Obama continúa a paso firme con el amplísimo esfuerzo logístico que representa la salida de Irak. En lo que respecta a Afganistan, se combina la voluntad de ir pensando en un repliegue gradual y desde una posición de fuerza con una mayor visibilidad pública de un diálogo con los Talibanes para sentar bases realistas de una paz en el mediano plazo. La decisión del Taliban de abrir oficialmente una oficina en Qatar con este fin y continuar el diálogo que se viene desarrollando con los EEUU y Alemania y países árabes es un paso en este sentido. Tal como lo mostraron las largas negociaciones de paz entre Washington y el régimen vietnamita entre fines de los años 60 y 1973, las conversaciones convivieron con fuertes y sangrientas escaladas bélicas entre los contendientes. Algo semejante se esta dando en Afganistan.

 Este cúmulo de replanteos estratégicos americanos se dan en momentos que China se consolida como la segunda economía mundial y con visos de superar a nivel del PBI a los EEUU a partir del 2025. Con un correlato en el aumento y refuerzo del gasto en Defensa chino -que en el mejor de los casos hoy por hoy representa la sexta parte del que tiene el Pentagono-. Frente a ello y con el objetivo de evitar visiones lineales y simplistas sobre ascensos y caídas de las grandes potencias, cabe retomar lo que el prestigioso historiador Nial Ferguson advierte en sus recientes ensayos acerca de que los grandes poderes suelen padecer de grandes y sorpresivos colapsos y crisis más que de previsibles y mecánicas subas o bajas en su poder. Una multiplicidad de factores políticos, económicos, sociales, ambientales, demográficos, culturales y de calidad de liderazgos tienden a influir y a generar “cisnes negros” o sorpresas estratégicas.

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